
Las facilidades y los retos de quienes han convertido el aula virtual en su lugar de trabajo.
Irene Muñoz enciende el ordenador. Está a punto de impartir clase desde un pueblecito en la sierra andaluza a alumnos diseminados por toda España. Es profesora en los ciclos de la rama de Administración y Gestión en iLERNA Online. “tenía claro que quería dedicarme a la docencia. Después de años trabajando en un departamento de finanzas, vi que la Formación Profesional me permitía transmitir mi profesión”.
Ella, junto a los más de 200 docentes a distancia de iLERNA, se encarga de acompañar a los alumnos que estudian en sus casas a través de las clases a distancia: les orientan durante las clases online, les guían en la realización de trabajos y les transmiten los conocimientos y herramientas que necesitarán cuando den el salto al mundo laboral.
Aunque las clases se imparten en línea, la formación se apoya en casos prácticos: “Les planteamos cuadros clínicos de pacientes. “Queremos que imaginen la situación para que, entre todos, resuelvan el caso práctico durante la clase”, señala Carmen González, teacher at home de Cuidados Auxiliares de Enfermería, a lo que su compañera, Manuela Infante, añade: “impartir clases en formación profesional permite explicar nuestra experiencia y compartir con los alumnos cómo es el día a día de la profesión. Te sientes muy realizado también ejerciendo de profesor”.
Nada que envidiar a la enseñanza presencial
El avance de la digitalización del sector educativo ha permitido que, ni la geografía ni las responsabilidades laborales o familiares sean un impedimento para formarse. El curso pasado, la formación profesional a distancia contó con más de 1,2 millones de alumnos, que se suman a los 338.000 estudiantes universitarios online, según el Ministerio de Educación y Formación Profesional. Este crecimiento responde a una realidad cada vez más extendida: más trabajadores apuestan por la formación continua, un alumnado que busca flexibilidad y conciliación para compaginar los estudios con sus vidas.
Este perfil de estudiante también se percibe en las aulas virtuales. Los docentes destacan las posibilidades que ofrece este formato para aprovechar mejor el tiempo, con un alumnado que quiere estar conectado de forma proactiva a la clase. “Las clases online nos permiten profundizar en cada concepto. Se aprovechan mucho más. En el aula, entre que ponemos un poco de orden entre el alumnado, cada uno se sienta en su sitio... quizás nos quedan menos minutos de clase” comenta Rubén López, que imparte clases en los ciclos de informática.
González, coincide en las posibilidades que ofrece el entorno digital: “Tenemos otras herramientas, como dinámicas, juegos...”· Recursos que permiten hacer las clases participativas y adaptar la enseñanza a cada clase.
Y, pese a las facilidades que puede ofrecer la modalidad online, estos docentes también se enfrentan a sus propios retos. África Mena pone el foco en uno de los principales: mantener la atención y conectar de forma personal con los alumnos que se encuentran al otro lado de la pantalla: “lo primero que hacemos es captar su atención, explicamos el concepto que toca y nos intentamos reservar unos minutos para darles voz, que digan y cuenten también sus experiencias profesionales”.

“No me siento menos docente por impartir clases online”
«Me los encuentro en los exámenes, que son presenciales, y me saludan». «Les hace mucha ilusión encontrarnos cara a cara en los exámenes. Claro, ellos te reconocen porque durante todo el curso te han visto en la pantalla y han interactuado contigo». «No me siento menos docente por impartir clases online, ni los alumnos me ven como menos profesor por ello».
Carmen, Rubén, Irene, África o Manuela ponen voz a los docentes online que, desde cualquier punto de España, consiguen transmitir su vocación a través de una pantalla y acompañar a sus alumnos en el camino hacia su futuro profesional. Una enseñanza a distancia que, pese a desarrollarse al otro lado de la pantalla, mantiene intacta la conexión entre profesores y estudiantes.