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Persona dependiente: claves para comprender su mundo y necesidades

Servicio sociocultural, 01 ABR 2024, Sara Vidal

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Comprender la realidad de la persona dependiente es fundamental para poder brindarle una atención personalizada y mejorar su inclusión en la sociedad. Esto pasa por identificar el grado de dependencia y determinar qué tipo de asistencia es la más adecuada.

En España hay alrededor de 1,5 millones de personas en situación de dependencia, según el último informe de EpData. De estas, casi 200.000 personas no reciben ningún tipo de prestación o ayuda, lo que sin duda dificulta su día a día de diversas formas. Además, como consecuencia del envejecimiento poblacional, esta cifra crecerá en los próximos años.

En este artículo vamos a profundizar en el concepto de dependencia y en los diversos tipos y grados. Por otro lado, vamos a hablar sobre cómo fomentar entornos de apoyo y acciones orientadas a mejorar el bienestar y la calidad de vida de estas personas.

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¿Cuándo se considera a una persona dependiente?

Entender cuándo se considera a una persona dependiente implica observar su capacidad de realizar las actividades básicas diarias. El Libro Blanco de Atención a las Personas en Situación de Dependencia determina que estas actividades son el cuidado personal, la movilidad en el hogar, las tareas domésticas y la movilidad extradoméstica. Esto incluye realizar la higiene personal, alimentarse, vestirse, ocuparse de la limpieza o moverse por su propio pie, entre otros.

En este sentido, una persona es dependiente o se encuentra en situación de dependencia cuando presenta una carencia o pérdida de autonomía física e/o intelectual y necesita ayuda de terceros para realizar estas actividades. Esta pérdida de autonomía puede deberse a diversos factores, como la edad, una enfermedad o la propia discapacidad.

Diferencias entre dependencia y codependencia

Puede que alguna vez hayas escuchado el término codependencia. Si es así, debes saber que no tiene nada que ver con la discapacidad.

Mientras que la dependencia se enfoca en el aspecto práctico y físico de la necesidad; la codependencia se refiere a una dinámica emocional entre dos personas donde una de ellas, a menudo sin hacerlo de forma voluntaria, fomenta o sostiene las actitudes negativas y destructivas de la otra.

Vamos a poner un par de ejemplos para entenderlo mejor. Como hemos adelantado anteriormente, una persona dependiente no puede realizar actividades diarias por sí misma debido a su avanzada edad, a limitaciones físicas o a problemas de salud. Esto no tiene nada que ver con su forma de relacionarse, sino con factores que se escapan de su control. Por ejemplo, una persona que ha tenido un accidente y se ha quedado en silla de ruedas.

Por otro lado, la codependencia es un rasgo típico de las relaciones tóxicas, ya sean de pareja o de amistad. Este tipo de relaciones generan una especie de adicción de la que es muy complicado escapar. Como podrás imaginar, no son relaciones saludables, ya que a la larga pueden derivar en situaciones de abuso y violencia. Por esta razón, es importante abordar esta problemática cuanto antes mejor y, a menudo, con la ayuda de un profesional.

Tipos de dependencia

La dependencia se puede manifestar de diversas formas, por lo que no afecta a todas las personas de la misma manera. Para brindar la atención adecuada, es fundamental identificar y comprender los diversos tipos de dependencia.

Dependencia física

La dependencia física es común en personas con discapacidades físicas, enfermedades crónicas, o que han tenido algún accidente o derrame cerebral. Implica una pérdida de autonomía motivada por la incapacidad de mover una o varias partes del cuerpo, caminar, levantarse, etcétera.

Algunos de los principales tipos de discapacidad física son la monoplejia, la paraplejia, la tetraplejia, la espina bífida, la parálisis cerebral, la distrofia muscular o la amputación.

Dependencia emocional

Aunque la socialización y la búsqueda de conexiones emocionales es innata a la naturaleza humana, un exceso de esta condición puede limitar la independencia y el desarrollo personal. Así pues, la dependencia emocional conlleva una necesidad excesiva de afecto, aprobación e interacción social con otras personas.

En este caso, la intervención se centra en fortalecer la autoestima de la persona dependiente, así como desarrollar habilidades de comunicación efectiva y promover la autonomía emocional a través de la terapia individual y grupal.

Dependencia cognitiva

La dependencia cognitiva afecta a personas que tienen dificultades en procesos cognitivos como la memoria, la atención, la percepción y el razonamiento. Se observa, sobre todo, en personas con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y la demencia, entre todos, o tras lesiones cerebrales.

La atención a estas personas incluye terapias de estimulación cognitiva y actividades diversas adaptadas a su nivel de capacidad. Además, también es importante crear un entorno seguro y estructurado para minimizar la confusión.

Dependencia social

La dependencia social se refiere a la incapacidad o dificultad para interactuar y mantener relaciones sociales saludables. Puede darse como resultado de condiciones de salud mental o discapacidades intelectuales. Es fundamental destacar que el aislamiento y la soledad pueden agravar la dependencia social.

Recientemente, en España se están llevando a cabo estudios sobre la soledad no deseada, un problema de carácter social que afecta cada vez a más personas, sobre todo a medida que avanza la edad.

¿Cuáles son los grados de dependencia?

Para determinar si una persona es dependiente, se realiza un proceso de evaluación de las necesidades individuales a partir de un enfoque integral (físico, emocional y social). Una vez determinado el grado de dependencia, se procede a crear un plan de apoyo personalizado que contemple las necesidades y capacidades de la persona dependiente.

Sea cual sea el grado de dependencia, el objetivo de estos planes siempre es promover la mayor autonomía posible. Así como brindar el apoyo necesario de manera respetuosa, asegurando que cada persona reciba una asistencia adaptada a sus circunstancias.

No obstante, la clasificación de los grados de dependencia es necesaria para identificar el nivel de asistencia que una persona necesita en su día a día.

Dependencia moderada

El grado I de dependencia se otorga a personas que necesitan ayuda con algunas actividades concretas al menos una vez al día, como bajar a hacer la compra o tareas domésticas. Pueden ser desde personas de edad avanzada, hasta aquellas que tienen alguna enfermedad o condición leve que les impide vivir con total autonomía.

Dependencia severa

La dependencia de grado II o severa incluye a las personas que requieren un nivel de asistencia significativamente mayor. Es decir, que necesitan ayuda en varias ocasiones a lo largo de día para realizar actividades esenciales. Este tipo de dependencia indica que, aunque la persona aún conserve cierta autonomía, las necesidades de apoyo son más intensas y frecuentes.

En esta categoría se incluyen diversos tipos de enfermedades y condiciones: trastornos mentales, depresión mayor, accidentes cerebrovasculares, problemas de visión y sordera, artritis, artrosis, etcétera.

Gran dependencia

La dependencia de grado III es el nivel más elevado de dependencia. Se atribuye a personas que necesitan un cuidado integral y constante debido a una pérdida absoluta de la autonomía personal. Así pues, las personas con gran dependencia necesitan atención prácticamente todo el tiempo, lo que requiere de un amplio despliegue de recursos. En esta categoría se enmarcan diversas condiciones:

  • Enfermedades neurodegenerativas avanzadas, como el Parkinson, el Alzheimer, la esclerosis múltiple o la ELA.
  • Discapacidades físicas severas, como paraplejia o tetraplejia, amputaciones múltiples y artritis reumatoide avanzada, entre otras.
  • Enfermedades mentales o cognitivas graves, como la esquizofrenia o la demencia avanzada.
  • Enfermedades complejas, como la insuficiencia renal en etapa avanzada, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica grave o el cáncer en la etapa terminal.

¿Cómo ayudar a una persona dependiente?

Como ya hemos comentado, ofrecer asistencia personalizada es esencial para mejorar la calidad de vida de la persona dependiente. Escuchar y respetar sus preferencias, promover su autonomía lo máximo posible y proporcionar soporte emocional y físico es fundamental. La integración social y la inclusión de estas personas en la sociedad también son cruciales para su bienestar.

Para ayudar a una persona dependiente de manera efectiva y respetuosa, podemos seguir los siguientes pasos:

  • Realizar una evaluación: identificar las necesidades específicas, abarcando aspectos físicos, emocionales y sociales.
  • Desarrollar un plan de apoyo: crear un plan de cuidados personalizado que explique al detalle la asistencia requerida y cómo se implementará.
  • Fomentar la independencia: promover la autonomía de la persona y animarla a realizar por sí misma cualquier tarea que pueda.
  • Formar a los profesionales: educar tanto a los profesionales como a los cuidadores y a la persona dependiente (si es posible) sobre técnicas y estrategias de cuidado.
  • Brindar soporte emocional: asegurar un apoyo emocional constante para la persona dependiente y sus cuidadores (ya sean familiares o profesionales).
  • Invertir en recursos sanitarios y sociales: invertir en un mayor despliegue de recursos asistenciales para cubrir todas las necesidades de la persona dependiente.
  • Adaptar el entorno: modifica el hogar para mejorar la seguridad y la comodidad, utilizando dispositivos de asistencia si es necesario, como camas reclinables, grúas y ascensores.

Si te interesa este ámbito y te gustaría contribuir profesionalmente al cuidado de las personas dependientes, puedes formarte como Técnico/a en Atención a las Personas en Situación de Dependencia. Si ya cuentas con esta titulación, puedes continuar desarrollando tu carrera con el Grado Superior de Integración Social, que te permitirá ampliar tus conocimientos y competencias profesionales en este sector.

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Sara Vidal
Sara Vidal

Empecé mi trayectoria en el mundo de la comunicación con tan solo cinco años, escribiendo las historias que más adelante marcarían mi futuro profesional. Publicista de profesión, vi en el copywriting la oportunidad de continuar con aquella afición que había llenado mis tardes después del colegio, pero esta vez a través del storytelling, el branded content y el marketing de contenidos.

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